Historia de los Incas
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Los inicios de la querella entre hermanos

El dignatario encargado de cumplir con las últimas voluntades de Huayna Cápac y de conducir su momia hasta el Cusco fue Cusi Topa Yupanqui quien pertenecía a la panaca de Pachacutec y era deudo de la madre de Atahualpa.

Al llegar el cortejo fúnebre a la capital, los nobles encargados del viaje fueron duramente increpados por Huascar por dejar a Atahualpa en el norte y fueron acusados de conspiración. De nada sirvieron sus protestas y la afirmación de su inocencia. A pesar del tormento, no confesaron nada. Sin embargo, Huascar ordenó matarlos pensando que si les perdonaba la vida serían para siempre enemigos peligrosos.

Los sucesos disgustaron a los señores del séquito de Huayna Cápac y al parecer algunos de ellos retornaron a Quito sin esperar las ceremonias.

Mientras tanto, Atahualpa se dirigió a Tumibamba para ordenar la edificación de un palacio para Huascar, actitud que disgustó al curaca de Tumibamba llamado Ullco Colla quien envió mensajeros secretos a Huascar quejándose del proyecto e insinuando un intento de rebelión de Atahualpa. Para congraciarse con Huascar, este príncipe envió al Cusco ricos presentes, pero el Inca montó en cólera y mató a los mensajeros ordenando confeccionar tambores con sus despojos. Después partieron embajadores de Huascar camino a Quito con prendas femeninas y afeites para Atahualpa. Estos episodios fueron la causa del rompimiento entre los hermanos. Atahualpa ya no podía regresar al Cusco como lo ordenaba Huascar pues hubiera ido a una muerte segura.

Según el cronista Cobo, los generales de Huayna Cápac que permanecieron en el norte fueron los que empujaron a Atahualpa a rebelarse pues ellos juzgaban que si marchaban al Cusco no tendrían la misma situación con Huascar de la que gozaban con Atahualpa.

En estas circunstancias, los cañaris partidarios de Huascar aprovecharon de un descuido de Atahualpa para hacerlo prisionero y lo encerraron en un tambo, pero durante la noche logró Atahualpa hacer un forado en la pared gracias a una barra de cobre proporcionada por una mujer y escapó sigilosamente. Después contaría que el Sol, su padre, lo transformó en amaru (serpiente) y así se evadió.

Una vez liberado, Atahualpa se dirigió a Quito donde reunió un ejército para marchar sobre Tumibamba. Tras la victoria, inflingió un duro castigo a los cañaris. Luego se dirigió a la costa y llegando a Tumbes quiso dominar a los isleños de la Puná y se embarcó en numerosas balsas. Los de la Puná ofrecieron resistencia y se entabló una batalla naval en la que vencieron los isleños, expertos balseros. En cuanto a Atahualpa, salió herido en una pierna, decidió retornar a tierra y no paró hasta Quito. Entonces el curaca de la Puná atacó Tumbes y arrasó el pueblo. En ese estado lo encontró Pizarro cuando llegó a sus costas durante su tercer viaje. Además, encontró en la isla a unos seiscientos cautivos tumbesinos pertenecientes a las tropas de Atahualpa.

Los desatinos de Huascar

Mientras Atahualpa iniciaba una abierta rebelión contra su hermano, Huascar establecía su gobierno en la capital. En aquel entonces contaba con el apoyo de la nobleza y de la clase dirigente del Tahuantinsuyo. Pero no supo o no se preocupó por conservar su prestigio pues tenía un carácter pusilánime, violento, cruel y desatinado. Huascar no otorgó a los ayllus reales la atención a la que estaban acostumbrados y no asistía a las comidas públicas en la plaza donde se fortalecían los lazos de la reciprocidad y de parentesco.

Otro motivo de enojo hacia el Inca fue haber apartado de su guardia a los tradicionales ayllus custodios y haberlos reemplazado por unos mitimaes chachapoyas y cañaris, o sea advenedizos.

Luego, Huascar declaró desear enterrar a todas las momias reales y quitarles a las panacas sus tierras, riquezas, servidores y mujeres. Al mismo tiempo dijo pretender pasarse del bando de Hanan al de Bajo Cusco. Estos hechos muestran hasta que extremos llegaron las diferencias entre el soberano y la nobleza cusqueña que había sido su mayor apoyo.

Muy distinta era la situación de Atahualpa, la distancia le permitía no tomar parte directa en las riñas entre linajes y tenía el apoyo de los generales de su padre.

El desprestigio de Huascar permitió a los miembros de las panacas de Hatun Ayllu, a la cual pertenecía Atahualpa, mantener las intrigas por el poder.

La guerra

Poco a poco, los generales de Huascar se fueron plegando a la causa de Atahualpa. Esta circunstancia explica las constantes derrotas de los ejércitos de Huascar a pesar de contar con grandes efectivos. Así, los generales de Atahualpa fueron ganando terreno hasta que a Huascar no le quedó más remedio, como a los antiguos soberanos, que tomar él mismo el mando de sus tropas.

Por su parte, Atahualpa marchaba lentamente hacia el sur dejando a sus generales el manejo de la guerra. Así estando en Huamachuco envió a dos emisarios a consultar a la famosa huaca Catequil por el desenlace de la guerra. El oráculo respondió que Atahualpa tendría mal fin. Furioso, Atahualpa marchó al lugar donde se hallaba el oráculo con su alabarda de oro en la mano. A su encuentro salió un viejo sacerdote vestido con una larga túnica blanca tachonada de conchas de la mar. Sabiendo que era él quien le había vaticinado tal destino, Atahualpa le asestó un rudo golpe en la cabeza que le destrozó el cráneo.

Por entonces llegaron las nuevas de la aparición de extraña gente blanca y barbada llegada en casas de madera que flotaban sobre el mar. No se preocupó Atahualpa por aquella gente que llegaba por segunda vez a sus dominios. En la primera ocasión se fueron sin que pudiese haberlos visto y, por curiosidad de ver cómo eran aquellos extranjeros, no tomó Atahualpa las precauciones que sus generales recomendaban de atacarlos en algún desfiladero. El Inca hizo caso omiso y más bien ofreció a los extranjeros guías y alimentos con la orden de dirigirse a Cajamarca donde él estaría.

Mientras tanto, los generales de Atahualpa seguían derrotando a las tropas de Huascar hasta que imprudentemente el Inca se arriesgó en una estrecha quebrada sin conocer las posiciones enemigas. Los experimentados generales de Huayna Cápac se dieron cuenta de la imprudencia y encerraron a Huascar entre dos ejércitos. Las triunfantes tropas de Atahualpa avanzaron hacia el Cusco hasta el cerro de Yavira. Ahí llegaron las panacas y los linajes importantes y todos se acomodaron; por un lado los Hanan Cusco y por el otro los Hurin Cusco y se postraron ante el huauque, el doble o hermano del nuevo soberano, para rendirle homenaje y reconocerlo como Inca.

Pasado un tiempo llegó al Cusco un pariente del nuevo Inca llamado Cusi Yupanqui con órdenes, según el consenso de los cronistas, de matar a los deudos cercanos de Huascar, a sus mujeres e hijos y para mayor ensañamiento, quemar la momia de Túpac Yupanqui. Destruir la momia o cuerpo de un antepasado era el mayor castigo posible. La venganza contra el Cápac Ayllu, al cual pertenecía Huascar, muestra que el enfrentamiento entre dos hermanos era una lucha entre panacas rivales.